24/5/12

Reflexiones.....


Hoy se me ha ido la cabeza a las fronteras, y no a las físicas precisamente. Cotilleando o chismeando por Facebook me he topado con una frase de Mario Benedetti, un maestro de la palabra que siempre me regala excelentes momentos. Su escrito me incita al vagamundeo por las fronteras emocionales, a hacer un viaje por el pasado para entender nuestro presente y poder afrontar el futuro sin peros ni fantasías animadas.

     Por lo general, a la mayoría de los humanos nos gusta más sentirnos víctimas que villanos. Y no me refiero en nuestra relación con los demás, sino a nuestra historia íntima y personal. Es muchísimo más fácil pensar que somos lo que somos porque la historia nos hizo así que porque nosotros lo permitimos. Y nos regocijamos en el llanto dulce, aún silencioso, de lo que pudo haber sido si todo hubiera sido distinto. En su lugar deberíamos optar por esa cachetada necesaria y reconstituyente en la mejilla que nos lleve a preguntarnos (¿pero qué estoy haciendo con mi vida?) o a exclamarnos (¡pero qué estoy haciendo con mi vida!).

     Cada uno que se quede con lo que más le apetezca. Recuerdo que hace unos años emprendí ese viaje y, como en ningún otro, el alma se me estiró y arrugó adoptando formas insospechadas. Largas horas sin dormir, revolviendo las sábanas y pasando por cada una de las emociones escritas y descritas en el diccionario. Fue uno de los vagamundeos más interesantes que nunca he tenido y me pregunté por qué no lo había hecho antes. Por qué había tardado tanto en inspeccionarme, en esforzarme por no dejar un rincón sin explorar...

     Mario Benedetti me ha recordado hoy que de nuevo es tiempo de emprender un viajecito retrospectivo a las emociones y a los sentimientos. Pero como lo que yo intento explicar con tantas palabras él lo consigue solo con unas poquitas, mejor ya me callo.

     ¡Buen viaje!


22/5/12

Boriquén, la Isla del Encanto

Cuando Cristobal Colón llegó en 1493 a esta isla emplazada en el mar Caribe, le pareció tan bonita que decidió quedársela (el chico tenía buen gusto, eso no se le puede negar). La hazaña fue diseminada a los cuatro vientos: la Corona de España había "descubierto" San Juan Bautista. Lo que pareció pasar desapercibido a este intrépido viajero-mercenario-colonizador es que la isla, ahora llamada Puerto Rico, ya había sido descubierta mucho antes; entre los años 3000 y 2000 antes de Cristo distintos pueblos indígenas habían empezado a asentarse en este archipiélago. De hecho, cuando el señor Cristobalín llegó con su ejército y sus enfermedades, la isla estaba poblada y los taínos eran la cultura indígena dominante. Se llamaba Boriquén.

Paseo junto al mar en el Viejo San Juan, Puerto Rico
El caso es que desde que los españoles llegamos "descubriendo nuevos mundos",  esta isla perdió su independencia para siempre y entró a formar parte del lamentable juego político y de poderes del que todavía no se ha librado.

Tras el despropósito de la guerra Hispano-Estadounidense, los Estados Unidos se quedaron con el archipiélago como botín, además de con Cuba, Filipinas y Guam. Eso fue allá por el año 1898, fecha desde la cual Boriquén pasó al control y capricho de los Estados Unidos. La Isla del Encanto se convirtió, tras varias evoluciones administrativas, en un Estado Libre Asociado. Un nombre políticamente correcto para explicar que, hoy en día, Puerto Rico es una colonia.

El Viejo San Juan, antiguo emplazamiento militar español rodeado de fortificaciones, es una ciudad llena de enigmas que conserva calles adoquinadas y edificios del siglo XVI y XVII. En la calle del Sol, en la parte alta de la ciudad, junto al Fuerte de San Cristobal, hay un balcón que mira al mar y que añora España. Es justo en ese balcón donde me podréis encontrar escribiendo este blog.

¡Saludos desde el Viejo San Juan de Puerto Rico!

Calle del Sol del Viejo San Juan (Puerto Rico)

Balcón que mira al mar... en el Viejo San Juan de Puerto Rico

Si decidís visitarme, no os olvideis el repelente de mosquitos y un chubasquero ; )