14/6/12

República Dominicana; un paseo por las nubes



Un paseo por las nubes es suficiente para que el mundo se torne completamente distinto . Más ruidoso, más improbable y más insospechado e inesperado. Una hora es suficiente para dejar atrás un proyecto y comenzar uno que nunca lo fue. Una decisión rápida, meditada y firme que el lunes 11 de junio me llevó desde el Viejo San Juan de Puerto Rico hasta República Dominicana; el paraíso de los hoteles todo incluído y playas de ensueño.

Mi destino, no obstante, no tiene mucho que ver con esto. Yo me dirigía a SunCamp, un campamento ubicado en Muñoz, un poblado que no conseguí localizar en Google, a tan solo 20 minutos en coche desde la ciudad de Puerto Plata. Tardé poco en descubrir por qué, pero eso es harina de otro costal, o motivo para otro post.


Entre las nubes...
... los pensamientos se aceleran y se amontonan como si quisieran salir de los registros que les han asignado a cada uno de ellos. Había que cambiar rápido de chip y organizar mentalmente los pasos para mi llegada al campamento. Todo parece un poco amenazante cuando se desconoce completamente el país, aunque la información, el idioma compartido y alguna que otra tabla ayudan a que desembarcar en un nuevo destino sea un proceso suavecito. Y así resultó.
     El aeropuerto de Santo Domingo te recibe con un sabor local que invita a zambullirse en su cultura; desde los pasillos decorados con frases, imagenes y objetos que hacen referencia a sus tradiciones, hasta los trámites de aduana. Y donde unos ponen hiel (sí, estoy pensando en el control de pasaportes del aeropuerto de Miami), aquí todo son risas. Solo hay que seguir los pasos; pagar los 10 dólares del visado de turista, cambiar algo de dinero en moneda local (el cambio es mejor en la ciudad pero para salir del paso...), sonreir al oficial que estampa tu pasaporte sin ninguna -¡ni una sola!- pregunta sobre los motivos del viaje, recoger la maleta que había salido por la cinta antes de que me diera tiempo a llegar, y decirle a la señorita de aduanas que no había nada que declarar en mi equipaje.
   -  ¿Nada que declarar?
   -  Absolutamete nada. El jamón lo dejé en España. A mi me gustan más los mangos.
   -  Ja, ja, ja. ¿Su primera visita a República Dominicana? ¿Tiene amigos aquí?
   -  Pues si, creo que soy la única que no había venido antes. Y no, no conozco a nadie aquí....
   -  Ahhhhh, pues va a tener usted un problema.
   - ¿Si?, digo sonriendo y esperando el golpe de efecto
   -  Pues si doña. Su problema es que no va a regresar, que no se va a querer marchar de aquí nunca
   -  Uhmmmmmm, este problema me suena muy bien.
   -  Pues siga adelante y disfrute mucho de nuestro país. ¡Bienvenida a la República Dominicana!

Lo demás... todo anécdotas facilonas. Un taxi del aeropuerto a la estación de autobuses Caribe Tours (35$), un boleto de bus desde Santo Domingo a Puerto Plata (10$ y 4.5 horas de viaje). Una coca cola botella gigante y dos empanadas dominicanas antes de empezar el viaje (2$). Taxi desde Puerto Plata a Muñoz (10$).
     Durante el trayecto desde el aeropuerto a Santo Domingo el taxista me fue introduciendo algunas particularidades de la islita. La paz del aeropuerto pronto se convirtió en un caos lleno de luz, color, olores, ruido y vida. Su energia me atrapó al instante. Gente, gente por todas partes en contraste con San Juan de Puerto Rico, donde para ver almas caminando hay que ir al centro comercial Plaza Las Américas...
     En la sala de espera de la estación de Caribe Tours, atenta a los movimientos de la pantalla de autobuses, a los altavoces que anunciaban entrecortadamente las salidas, y a todas las personas que compartían conmigo aquel espacio insuficiente, me sentí inmensamente feliz. Si, repentinamente feliz y dichosa en un salita algo calurosa donde se anuncia con mucho orgullo y brío los modestos servicios de la estación de autobuses, donde un fiel practicante regala panfletillos religiosos y donde se puede comprar un protector de pantalla a precio irrisorio, e incluso un boletito de lotería que, con un poco de suerte, nos de acceso a comprar una parcelita en el paraíso. Una vida posible.

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