28/8/12

Puerto Plata, Santo Domingo, San Juan, Madrid, Panamá

El Cangrejo, Panamá, desde mi balcón
Hoy comienza mi cuarta semana de estancia en la ciudad de Panamá y me siento una traidora por no haber escrito antes. El caso es que todo se precipitó de buena manera y mi vida se convirtió en un anuncio de publicidad de esos que van enlazando acontecimientos o casualidades. Aunque las casualidades, como bien afirmaba Herman Hesse, no existen.

Recapitulemos para ver cómo acabo dando con mis huesos, y el resto del cuerpo también, en estas tierras descolonizadas. Pero empezaré desde el principio, que me hace más ilusión. Desde ese día en el que embarqué rumbo al Viejo San Juan en Puerto Rico buscando algo que nunca llegó a ser. Empecemos...

De Madrid a San Juan

Los burócratas de Madrid hicieron subir mi bilirrubina a los infinitos. Coincidencias de la vida, que tampoco existen, me invitan a Puerto Rico. Agarro mi computadora (u ordenador para los más puristas) y me marcho al Viejo San Juan a seguir con mis escritos, pero desde un balconcito con vistas al Caribe. Allí me paso unas semanas al estilo de "vuelva usted mañana". Mañana ya visitaré, mañana ya viajaré... y los días que pasan y que no pasa nada. Y una mañana, porque en esa parte de mi vida todo era "mañana", decido que lo que quiero es presente. Y entonces me hago una visitilla a unas islas paradisiacas (Isla Culebra), meto todos mis fashionismos y tacones en dos cajas de cartón, los dejo en un sitio muy pero que muy seguro (jejeje, sister); me compro unas cangrejeras, un poncho para la lluvia, una linterna de cabeza y un billete de avión de solo ida a República Dominicana.

De San Juan a Puerto Plata

Una vez en Puerto Plata me abandono al ecoturismo. Unas plantas o bichos que mi organismo no reconoce, me causan una fotosensibilización de las buenas. Me hospitalizan y exigen reclusión absoluta durante, al menos, una semana para que el sol no me roce ni de lejos.... ¿Y qué hago yo una semana encerrada en un cuarto sin ventanas y sin puertas? Pues vivir al revés, que en eso ya soy especialista. Y, por qué no admitirlo, engancharme a Internet.

Y así, navegando, navegando, decido ver que tal está el mundo laboral. Veo una oferta de trabajo interesante. mando el CV a última hora, que ya sabemos que las primeras horas son para otros y no para mi... A los pocos días me convocan a la segunda fase de la selección, y me quedo otra noche sin dormir... Y vuelven a contactarme, Y que tengo una video-entrevista. ¿Ein? ¿Dónde está la cámara oculta? Y la hago por Skype, vestida de señorita de cintura para arriba y con el pantalón corto y las cangrejeras desde los michelines para abajo. Que si, que si... que no veas como pega el calor en República Dominicana en agosto. Y sin aire acondicionado. Había que elegir entre la posibilidad de tener que levantarse y que descubrieran el pastel o el que el sudorcillo pegajoso traspasara la cámara de vídeo.

Y un martes de la vida hago la entrevista. Pienso: "la he cagao. Estaba tan cerca...".Y el miércoles me levanto feliz, con mis manitas desinflándose y pensando "¿a mi que me importa?". "Ya veràs tú como ahora que me iba yo a recorrer las playitas idílicas y a pasar agosto en Venezuela, van y me lo fastidian". Y dicho y hecho. El viernes recibo un mail, que les gustaría que fuera a trabajar a Panamá pero que necesitan hablar conmigo....

Esta es mi cuenta pendiente con Manuela y las niñas del Batey
Me dispongo a abrir el ordenador comouna poseida. "Su santa madre, su santa madre.... ¿qué querrán contarme?".  Y va la joia máquina y se funde. Literalmente muerto, con su pantallita en negro y todo, sin una lucecita brillando. Todo oscurito. Pero a mi nada me detiene, soy una trooper. Agarro mi teléfono que es muy espabiladillo, abro el programa de videoconferencias, recibo un aviso de que me están hackeando y se apaga.... ¡Al carajo!  Me meto en la ducha, busco la cámara oculta y me digo: "si tiene que ser será", y empiezo a organizar mi mente por si es un "Será", y a bailar bajo el agua.

Llega el lunes, yo ya tengo la maleta hecha.  Hay que ser optimistas. Voy al batey y disfruto viendo la carita de Manuela cuando ve su nombre en la portada del cuento que empiezo a preparar para ella. Consigo contactar con Panamá, charlamos..., sigo buscando la cámara (la oculta, que la otra la tenia enfrente aunque no funcionaba). ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Me voy a Panamá. Me incorporo el día 1 de Agosto. Me quedan 15 dias..... ¿Qué hago?

De Puerto Plata a Santo Domingo y al Viejo San Juan
El martes por la mañana se me reactiva la alergia que se extiende a la mano izquierda. No puedo ir al Batey a despedirme de Manuela. Organizo todas las cosas, asigno bolsitas con el nombre de a quien deben entregárselas y el miércoles me meto en un bus hasta Santo Domingo. Tras un día de escala en el que aprovecho a visitar la zona colonial de Santo Domingo, llego a Puerto Rico el viernes. Allí voy a por mis cosas que esta vez si que estaban en un sitio seguro, me doy un paseito nostálgico por sus calles empedradas, paso una noche en un zulo sin vistas y regreso a mis madriles el sábado.

Del Viejo a San Juan a Málaga y Madrid
Las dos semanitas que pasé entre Málaga y Madrid fueron alimento para el alma. Familia, amigos, salsa, risas.... Ellos me dejaron el corazón bien rellenito de cariños y buenos deseos con los que llegué a Panamá.

La alfombrilla del ordenador
De Madrid a Panamá
Desde agosto trabajo como consultora de comunicación para el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (también llamado UNICEF). Estaré aquí hasta finales de enero, aunque las Navidades en mi Madrid amado-odiado no me las quita nadie, si es posible. Recuerdo que hace unos meses, allí por el Viejo San Juan, alguien me preguntó por mis sueños. En aquel momento guardé silencio, sin saber bien que contestar.

Ahora, desde la perspectiva que el tiempo regala, admito que este es mi sueño. No el estar en Panamá o el trabajar para Naciones Unidas, sino la posibilidad de poder hacerlo. El haber tenido, a pesar de las caídas y las zancadillas, la suerte y la posibilidad de luchar por vivir como deseo; la libertad de elegir y el respaldo y la confianza de los que de verdad me quieren. He aprendido que querer es poder, y que cada conquista exige una renuncia. Todo llega si se sabe esperar o salir a su encuentro.

No sé lo que vendrá después, pero ya ni me importa. El camino es lo que me interesa en estos momentos y, por encima de todo, que los que me ayudaron a llegar hasta aquí también sean felices. A mi familia le debo todo, también a los que creyeron en mí, y a los que no, porque me empeñé en demostrarles que otra vida es posible.

Se que lo que hoy tengo y llegó con tanto esfuerzo, para otros fue un juego de niños el conseguirlo. Algunos pensarán, "no es gran cosa". Y seguramente estén en lo cierto, no lo discuto. El valor de las cosas es siempre relativo. Tantas veces me quejé, tantas veces me frustré y pensé que no llegaría que ahora, desde este balcón a un Panamá extremo y ruidoso, todo toma sentido. Pienso en mi familia y solo se me ocurren palabras de agradecimiento. Hasta se me ponen los ojillos tontos. Y es que son lo más grande que nunca tendré. Y soy muy afortunada.

La vida es corta, vive tu sueño y comparte tu pasión
He tardado mucho en escribir porque he estado cansada e intentando ubicarme en el trabajo. Después del dulce asilvestramiento que me regalé durante años, las luces y aires acondicionados de oficina me parecían molinos de viento convertidos en gigantes. Poco a poco voy reubicando las energías y retomando la normalidad. Panamá no me entusiasma especialmente porque todavía no le he dado la oportunidad. Pero ya he empezado a investigar y, ¿adivinais?, hay un montón de aventuras que estoy dispuesta a correr y playas paradisiacas que disfrutar. Estáis todos invitados a acompañarme.

Iré contando y respondiendo vuestros mail. A riesgo de ser o resultar cursi, convencional o llena de frases fáciles... gracias a todos los que me quereis. Estoy deseando veros. Aquí. allí o en otra parte. No olvideis que lo que hace la vida interesante es la posibilidad de luchar por nuestros sueños. Sean los que sean.


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