17/9/12

Kuna Yala, el archipiélago paradisiaco entre Panamá y Colombia


- ¿Hoy no salen de pesca?
- No, hoy hay que limpiar la islita
(...)
- Algún día quiero encontrar un trabajo en un paraíso así.
-Pero no en este, ustedes no se pueden quedar a vivir aquí. Los que no son kuna no son permitidos a vivir aqui.
(...)
- No soporto a estos políticos que llegan en avión y se creen que las islas son suyas y pueden hacer lo que quieren
(...)
-Pueden hacer foto a todo lo que quieran pero no a las personas. Si quieren fotografiar personas deben preguntar primero.
(...)
-Yo antes viví en Colón y allí aprendí a hacer pan con un español. Pero alli no me gusta vivir. Aqui estoy con mi pueblo. Se vive tranquilo y me gusta hacer pan, salir a pescar y recolectar cocos.


El archipiélago de la comarca de Kuna Yala, bien podría decirse, es un paraíso descubierto. Una sucesión de 365 islas situadas en el mar Caribe donde viven los kuna, una etnia que vivía originariamente en Colombia y que se desplazó a Panamá huyendo de una expedición española cuyo objetivo era exterminarlos allá por el 1500 y 1501.

Los kuna, bajo mi incompleta percepción adquirida en solo en dos días, son un pueblo orgulloso y celoso de su intimidad. Los que han decidido quedarse en la comarca y no ir a trabajar de mano de obra barata a las grandes urbes, intentan conservar su cultura y tradición, aunque saben que las influencias externas son inevitables. La juventuda kuna,  que ya está estudiando, incorpora poco a poco las nuevas tecnologías a su forma de vida simple y las agencias turísticas se esfuerzan por mostrar al mundo un paraíso que si bien todavía no está muy masificado, lo estará. Es cuestión de años, por eso los kuna, con administración política y social propia reconocida por Panamá gracias a la presión internacional tras la sucesión de varios conflictos sangrientos, se han organizado y coordinado para que el crecimiento y la incorporación del turismo sea sostenible y gradual.

- Nuestra familia no se dedica al turismo pero ahora en este terrenito queremos construir una cabañita. Es que la gente que trabaja con el turismo ya no necesita salir a pescar y puede comprase una lanchita con motor.

Las mañanas son especialmente movidas en el archipiélago de Kuna Yala. Los cayucos impulsados con remos visitan las distintas islas habitadas y ofrecen distintos productos de consumo. Uno está especializado en el pescado fresco, otro en plátanos verdes, otro en pastillas Magi para darle sabor a los guisos y sal, y así sucesivamente. Cada vez que un cayuco arribaba a la orilla de Isla Diablo yo me acercaba curiosa junto a los kuna para ver que traían. Lo sé, no hubiera debido, pero no pude resistirme a una botella de coca cola fresquita. y como fui la última en llegar, pues me tocó empujar el cayuco para que siguiera su trasiego por el resto de las islas.

Y allí estaba yo, en mitad de Isla Diablo, con mi coca cola en la mano y el sol empezando a batallar, mirando como el cayuco de la familia de Braulio también se sometía a comenzar la jornada de pesca. Me di la vuelta para mirar mi cabañita y volví a pensar en lo ingenioso que fue el canadiense que me precedió. El coclchón hinchable resultó ser muy cómodo y las antorchas solares qeu regaló a  la familia de Ezequiel y Yaris nos habían proporcionado una noche mágica mirando las estrellas y escuchando el susurro del Caribe chocando contra los cayucos. A Luis, el mendocino con el que compartí el viaje de ida de barca pero que solo tenía contratado una excursión de día, lo habría disfrutado.

Tras desayunar el pan recién horneado de Braulio y unos huevos a la plancha me doy un baño para refrescarme. Es espectacular relajarse haciendo la boya y mirando hacia las cabañas, observando el día a día de las familias que habitan Isla Diablo. A mis espaldas, las lanchas a motor repletas de turistas que desembarcan en la islas inundándolas de neveras y bullicio, empiezan a sustituir a los cayucos. Están llegando los domingueros e Isla Diablo no es ajena a este fenómeno. Al ver como una de las lanchas se aproxima a nuestra costa, salgo como una centella del mar y marco territorio para que no invadan nuestra sombra bajo los cocoteros. Los uruguayos que también pasaron allí la noche me ayudan. Somos tres contra veinte pero conseguimos defendernos del ataque. Solo tres argentinos instalan su nevera a nuestro lado, piden disculpas por la invasión y nos ofrecen refrescos y cerveza fresquita.

En Isla Diablo no hay agua potable ni electricidad asi que aprovecho para poner una de mis botellas de agua en su nevera.
-¿Eres la española que trabaja en la ONU?
-Bueno... no sé si soy "la española", pero si soy española y colaboro con UNICEF.
- Nosotros somos de Mendoza y un compañero nuestro estuvo aquí ayer y nos habló muy bien de una española
-Y vuestro amigo se llama Luis?
-Si....

 Y entonces, como el que no quiere la cosa, se hace la magia. Llegan las risas, las confidencias entre desconocidos, las charlas sobre el Barcelona y el Real Madrid, sobre Maravillas, la inmigración, el Malbec, el a ti que te trae por aquí... el que ahora salimos todos juntos de tour.... Che, qué bien me caen los argentinos, siempre me hacen recordar a gente que quiero mucho y que una vez en Miami me echaron una mano cuando de verdad lo necesitaba, sin pedir ni esperar nada a cambio. ¡Gracias familia Pérez!.

Isla Viagra. ¿adivinas por qué?

Visitamos isla Viagra, la piscina de las estrellas de mar, isla aguja.... Abordamos otra islita para tomar un refresco... y entre el matrimonio uruguayo, Sergio, Fabián, Andrés y yo se instaura un clima tan familiar que pareciera que nos conocemos de siempre pero que llevamos años sin vernos, distancia temporal que alimenta esa curiosidad por saber que es la vida del otro, pero sin entrometerse demasiado.
De regreso a Isla Diablo me fascino viendo la cena que tendrán los afortunados que no deben marcharse. Dos centollas enormes se esfuerzan por soltarse de la cuerdita que las amarra a la plamera que casi besa el mar y que les recuerda su designio final. Disfrutamos de una comida criolla con pescado, charlamos alegremente y nos anuncian que nuestra barca nos está esperando para sacudirnos de este paraíso. Es hora de regresar  a la ciudad del eco.

Pez Loro
En el viaje de vuelta nuestra barca para en la espectacular Isla Aguja para ir recogiendo clientes. Me anuncian que en la orilla estará esperándome el chófer Tito para hacer el recorrido de dos horas por carretera hasta El Cangrejo, el barrio donde vivo en Panamá. Los mendocinos van haciendo un recorrido verbal por otros paraísos que han conocido en Latinoamérica y yo voy tomado buena nota. El motor de la lancha se cala de nuevo pero esta vez no arranca. Parece ser que entre tanta gente y tantas neveras y bolsas, el motor ha tirado mucho y se ha quedado sin gasolina. Parece ser también que los 5 dólares de gasolina no eran suficientes y el capitán kuna confirma que tendría que haberle puesto 8.

A estas alturas ya ni me extraño. y no soy la única. Uno de los mendocinos, Sergio, dice que a él también le pasan estas cosas constantemente. Me río porque es una buena señal, que estas cosas pasen, porque eso significa que, ocasionalmente, estamos expuestos a ellas y no a la luz del estudio y las horas frente a la compu, o el ordenador. El capitán de la lancha empieza a impacentarse. Entre otras cosas escucho que Tito, mi chofer por una tarde, está impaciente porque lleva rato esperando. Entre tanto desvío para captar pasajeros y el incidente de la gasolina se está haciendo tarde. Bromeamos con los argentinos; "que si al final estabas molesta porque te invadíamos la islita y acabarás regresando en nuestro auto. Y luego encima le pedirás a la esposa de Sergio que te prepare una langosta para cenar.
Cómo son estos gallegos, te sonríen y poco a poco se prenden a todo".

Nos rescatan con un poquito de gasolina, la suficiente para llegar a la isla especializada en la venta de combustible. El reloj haciendo tic tac y a mi a esas alturas ya ni me preocupa si Tito estaría esperándome en tierra firme o no. Me interesa más disfrutar de los últimos minutos de un fin de semana que había dejado atrás el ruido y el caos de la ciudad, las incertidumbres y un futuro probable o no...

En tierra firme, ¡oh mi sorpresa!, Tito no está. Ni rastro de Tito ni de ningún otro chófer. Ya ni me sorprendo. Un par de llamadas y nada, ni Pacífico, que me trajo a la ida, ni Tito  ni ningún otro kuna pegado a un 4x$, los únicos autorizados a trabajar como chóferes en esta comarca, Y mientras le comento a los kunas que coordinan todo el trasiego de turistas y cobran el impuesto de tránsito que si Tito no llega me devuelvean a Isla Diablo para comerme la centolla, un coche blanco da marcha atrás, se abre el maletero y me gritan desde la ventana: "gallega, Isabel, cargá tus cosas en el auto que te vienes con nosotros". Soy obediente, me abrocho el cinturón y pregunto entre risas "¿Y qué tenéis de cena hoy?"

Habitación "todo incluido"
Fin de semana en Kuna Yala:
Transporte desde Ciudad de Panamá a puerto kuna: 25$ cada sentido
Tasas o impuestos: 6$ entrada Comarca Kuna Yala y 3$ uso del puerto)
Traslado y excursiones en barca: 25$
Noche de alojamiento en Isla Diablo y cuatro comidas (comida, cena, desayuno y comida -sin bebida) 45$
Total: 129$
Y si el conductor te deja tirada y te rescatan unos argentinos 104$

Si alguien quiere leer más sobre la Comarca Kuna Yala y sus habitantes, en Internet hay mucha información de todos los tipos. Para visitarla, personalmente recomiendo evitar las agencias de viaje que ofercen exactamente el mismo viaje por casi el doblen de precio. Es cierto que, en ocasiones, Kuna Yala es zona de paso de contrabando y narcotráfico de Colombia, que a pesar de que en algunas islas no hay ni agua ni electricidad, otras se precipitan rápidamente a la transformación de paraísos y remansos de paz en discotecas diurnas bajo el sol y mercado descontrolado de recursos naturales. Algunas personas que han estado allí afirman que los indios te piden uno o dos dólares casi por casi cualquier cosa. A mi no me ha pasado y quizás solo se trate de una buena coincidencia o de la suerte del primerizo. De ser así, y por mucho que no nos guste, deberíamos pensar que las islas son privadas y que cobrar dos dólares por visitarlas quizás no sea un precio excesivo. ¿Cuánto cobrarían ustedes por alojar a desconocidos en su casa o dejarles disfrutar de su piscina? Eso son las islas para los Kuna Yala, sus hogares, pero sin cemento ni techo ni tuberías; con todos los beneficios de un Caribe manso pero también con todos los extremos de un clima cambiante y furioso ante el cual su mayor escudo son unas cuantas ramas y hojas de palma secas.

Estrellas de mar en Kuna Yala
Cada uno puede utilizar sus ojos y oídos para escuchar y ver las cosas con distintos prismas y dedicarse a juzgar o no. Yo particularmente decido llevarme de vuelta las risas de los niños jugando despreocupados en el mar, los cayucos de madera rompiendo el horizonte harmoniosos, las playas paradisíacas, el orgullo y respeto de los kuna que yo conocí, las estrellas de mar, los peces imposibles, la isla con una sola palmera, la impresionante puesta de sol entre los cocoteros, la música del Caribe, las risas con los recién conocidos, las intimidades con los recién amigos, la siesta reparadora en una hamaca frente al mar, la brisa de la madrugada, los colores de los ropajes de las mujeres kuna, la laboriosidad de las molas (paños tejidos con telas de colores). y un sin fin más de detalles que me pintaron de nuevo la sonrisa en la cara y en el alma.

Con todo esto y mucho más me quedo. Con dos días que me transportaron a un paraíso, a una vida posible por la que, de nuevo, me siento profundamente agradecida. A veces la decisión más difícil tan solo consiste en disfrutar el presente siendo conscientes de su fragilidad y de su temporalidad. Otros tiempos vendrán, es una certeza, pero mi memoria estará rellenita de buenos momentos, palabras amables, oportunidades por venir, sensaciones y gratitud. Esta es mi música y mi religión. Las malas energías, los imposibles y las negatividades, entre otras, las quiero lejos. Cada cual que baile sus melodías y rece sus plegarias.

Besote. Me voy a dormir!!!!


1 comentario:

  1. Todavia existen paraisos.ojala podamos mantenerlos por mucho tiempo!!!

    ResponderEliminar