10/3/13

Lo que hay es lo que hay, así que podemos combatirlo o dejarnos llevar... ¡Feliz domingo y buen comienzo de semana!






1/3/13

Los idus de marzo

Las nieves del invierno visitan Madrid. Comienza marzo, el mes de Marte, de Martius. Los idus de marzo se aproximan, inexorables, anticipando guerras por batallar y días que ganan horas al sol. Los que nos conocéis sabéis de sobra que esta no es quizás una época alegre en exceso para nuestra familia. Han sido largas jornadas llenas de incertidumbre, pesadumbre, miedos y dudas; semanas y meses en los que pareciera que habíamos perdido el control y el dominio sobre nuestra existencia. Seguramente así aconteció; así lo vivimos. Continuos ires y venires a médicos, hospitales y aseguradoras; una lucha agotadora y frustrante contra una burocracia socio sanitaria que prima el ahorro de costes sobre el bienestar del paciente. La historia es larga, pero contarla aqui no es mi intención.

Ahora que parece que el tratamiento está encauzado, a pesar de que los ires y venires hospitalarios siguen siendo diarios, me he tomado un tiempo para asimilar los acontecimientos que precipitaron la toma de decisiones y el cambio de planes. Sí, dejé un trabajo nada inspirador en una agencia de Naciones Unidas, objetivo que había perseguido por años, para regresar a la ciudad de la que siempre que he podido he huido. Decir lo contrario sería faltar a la verdad. Seguramente, de no haber sido por la situación familiar, seguiría vagamundeando y cruzando fronteras, quien sabe cuales. Pero mis prioridades, al menos hasta marzo del 2013 son claras; familia y madre solo hay una, trabajos hay miles (no sé si en España -léase con sarcasmo- pero me encanta saltar de avión en avión).

Mamá, estoy en Madrid por decisión y convicción propia, porque me haría mucho más desdichada no poder acompañarte, acompañaros,  y cuidarte, cuidaros, que haber dejado un trabajo poco motivador. A pesar de las circunstancias difíciles (especialmente para tí), me brindas la oportunidad de devolverte un poquito de todo el tiempo, atención, cuidado y amor que tú nos has regalado incondicionalmente durante toda nuestra vida. Esa es mi prioridad por ahora, y a pesar de los días difíciles, de algún gruñido incontrolado, de la pesadez de recorrer los laberintos hospitalarios, de verte y sentirte cansada y preocupada, y de estar en tensión cada vez que una burócrata tiene que sellar las autorizaciones, soy feliz.

Porque la felicidad, en mi opinión, emana de la capacidad de dar respuesta a lo que se debe hacer con lo que se quiere hacer. Cuando el deber y el querer se conjugan, la vida recobra su sentido. Porque aunque pueda parecer contradictorio, hay mucha felicidad en el dolor. La felicidad de ver que cada día retomamos más el control, la de saber que empieza una etapa en la que debemos reinventar nuevos sueños y proyectos, la de creer que ES POSIBLE, que debemos esforzarnos  por disfrutar de las cosas simples que cada nuevo día nos regala. La felicidad de seguir luchando, incluso la felicidad por poder, a veces, seguir peleando.

Pequeñas cosas

Resulta complicado ver la parte positiva de una situación límite y traumática, pero la tiene. Ya sé lo que es un puerro, un nabo y como se hace una crema de calabaza. Si me esmero, voy a aprender hasta como hacer el cordero al horno y las judías verdes. No tengo que madrugar y puedo sentarme a ver televisión a tu lado hasta las tantas. Entre semana, cuando todos trabajan, nosotras nos damos nuestras visitillas a por ese trio de fantásticas tortitas con sirope. Gracias a que nos han puesto al límite, y de que manera, tengo mejor conocimiento de cuales son mis fortalezas y debilidades. Me apuesto lo que quieras a que a mucha gente le gustaría poder pasar tiempo asi con sus padres. Admito que sería mejor si, entre tortita y tortita, pudiéramos prescindir de las largas horas de hospital y de tus tratamientos. Pero es lo que es, y lo es para bien, asi que los intermedios, cortos o largos, hay que disfrutarlos, aunque sea con pequeñas cosas. Especialmente con pequeñas cosas.

Dedicarte unos meses no es nada en comparación a todos tus años de entrega. Habrá otros viajes, otras fronteras, otros trabajos, otros gruñidos. Por ahora solo necesito que entiendas que me gusta hacer lo que estoy haciendo, aunque a veces pierda los nervios y esté dispuesta a retorcer más de un pescuezo. A pesar de mis malos días, insisto, estoy y hago lo que he QUIERO hacer. Espero que lo comprendas y que deje de atormentarte la idea esa extraña que te ronda por la cabeza.

ME GUSTA estar contigo, gruñir contigo, refunfuñar contigo, pasear, compartir silencios, conducirte, acompañarte, perderte, reirnos.... ME GUSTA porque te quiero mucho y porque si en algo soy rica es en VOSOTROS.

Ahora me voy a dormir que se hace tarde y luego dices que cuando no duermo estoy de muy mal humor. A veces, piénsalo bien, no estoy molesta contigo sino que me quedé hasta las tantas de la madrugada inventando e investigando cualquier cosa, o simplemente, estoy intentando domar los potrillos salvajes de mi cabeza.

GRACIAS. Buenas noches!!!