8/5/13

Para M. José

Lo bueno de estar en la ciudad en la que uno nació, se crió, fue joven y va envejeciendo es que, a veces, te sorprende gratamente trayéndote al presente una parte del pasado que es muy emotivo rememorar. Buena gente que una vez compartió nuestro camino con paciencia y afecto sincero.

Hoy, en un lugar que por inesperado muy seguramente no era el mejor, escuché una voz que me preguntaba: ¿eres Isabel? Al fijarme me quedé atónita y sorprendida. Asentí y noté su abrazo. Uno de esos de verdad, cariñoso y lleno de afecto. Era M. José, una compañera, una vecina del barrio con la que compartí, además de una época de estudios, muchas tardes de coca colas y paseos por Madrid confiándonos miedos y sueños.

“Kindred spirits are not so scarce as I used to think. It's splendid to find out there are so many of them in the world.”
Mi memoria es un desastre pero ella me recordó que llevábamos al menos 13 años sin vernos. Hubo un diciembre que íbamos a quedar, algo pasó. casi con certeza podría asegurar que, de nuevo, fue Isa calamidad la que no pudo y luego desaparecío dedicándose a cruzar fronteras. Yo intentaba resumirle en 5 minutos, toda una heroicidad para mí, las grandes líneas de lo que había sido de mi vida en los últimos años. Ella me miraba sonriente como si todo lo que le contara no fuera nuevo para ella; mis andaduras, los países que había visitado y mis elucubraciones.
Y es que, sin yo ni tan siquiera intuirlo, M. José había investigado cual había sido mi paradero y, las cosas de las tecnologías (insisto en que estas máquinas también sirven para unir gente), había dado con este blog.


Yo sin embargo, tan descastada como siempre, me había quedado con los datos congelados sobre ella. Por eso me gustó escuchar que su niño ya tiene doce años, que sigue casada con el que fue el amor de su vida, y que su padre sigue cuidándola y protegiéndola. Todo fue muy atropellado porque las dos teníamos que atender asuntos más inminentes. No obstante, a pesar de la perplejidad que me causó reencontrarme con ella, me dió una gran alegría.

Soy muy torpe para expresar algunos sentimientos. Por eso, con estas palabras tan solo quiero decirte M. José, porque sé que leerás esto antes o después, que me alegró infinitamente verte. También quiero darte las gracias por haberme reconocido hoy tras tantos años, y por todos aquellos en los que me regalaste tu amistad profunda e incondicional, a pesar de que yo soy un auténtico desastre con algunas formalidades. Tampoco quiero pasar por alto algo que me ha impresionado mucho. Muchísimo. Te has convertido en una mujer muy fuerte y luchadora, cualidades que admiro en las personas, pero especialmente en las mujeres y, mucho más especialmente, en aquellas que me ayudaron a ser, a convertirme, en una mejor persona. Tú lo hiciste.

Espero que cuando pase esta época turbulenta para las dos pueda visitarte en El Escorial y escuchar tu historia mientras disfrutamos de un refresco. Ah, se me olvidaba. hay algo que hoy dijiste que me conmovió muy especialmente. Repetiste un par de veces algo así como "Me puse contenta al leer tu blog y saber que estabas viviendo como querías, que lo habías conseguido". Me dió la impresión de que, de nuevo, sin yo tan siquiera intuirlo, recordabas mis sueños de juventud con más nitidez que yo misma. Ahora, al escribir estas líneas tengo la emotividad a flor de piel. ¿Cómo podría agradecerte todo aquel tiempo y años de amistad que seguramente yo no supe corresponder adecuadamente?

 M. José, muchísimas gracias por el día de hoy. Uno de esos pronosticados con gris que tú conseguiste cambiar de color. GRACIAS!!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario